HACIA DONDE VA LA UNIVERSIDAD

Soc. Ramiro Ordóñez Morejón, Mg.Sc.

 

 
 
 
 

La Educación Superior en todo el mundo registra una estructura cambiante debido a su propia dinámica frente a la presión que registra, por un lado una mayor y creciente demanda por estudios de postbachillerato y por otra una mayor oferta de programas e instituciones que “compiten” por captar alumnos.

Los requerimientos y exigencias de la comunidad respecto a la calidad y pertinencia del servicio, la “explosión” de la información académica y del conocimiento avanzado impactan sobre el financiamiento de la educación superior e incluso de su cultura organizacional.

Estas situaciones generan problemas o “desafíos” que deben enfrentarse y  pone a prueba todo el andamiaje institucional, generando una cadena de cambios y transformaciones que procura adaptar la entidad a las nuevas condiciones que trae consigo la globalización.

Así entonces la educación superior es vista como pilar de la competitividad no solo de los profesionales, sino de la propia institución, de la región e incluso del país puesto que debe apoyar su inserción en un sistema económico global  y para ello debe aumentar las oportunidades de formación a favor de los estudiantes, diversificando la oferta de carreras acorde con las dinámicas de expansión, diferenciación y especialización del conocimiento avanzado que, una vez graduados, irán a incorporarse en las redes de la producción, la tecnología, el comercio y la sociedad civil. De su lado la demanda de estudios por parte de los estudiantes  se dirige hacia las carreras que, según la percepción del estudiante, tienen mayor y mejor proyección en el mercado de trabajo. Las Universidades no pueden mirar hacia otro lado, pensando que la sociedad se equivoca y seguir amparándose en una libertad académica y en una autonomía mal entendidas

Las Universidades se convierten así en espacios de producción, transmisión y transferencia del conocimiento. Aumenta la complejidad de su misión cuando empieza a ser evaluada externamente para asegurar la calidad de los procesos y los productos, la efectividad de sus resultados y la eficiencia de su operación, elevando los niveles de transparencia y responsabilidad frente a diversos actores interesados.

Estos “desafíos” han dado lugar a una masificación del sistema, cada vez aumenta la matrícula, es decir cada vez ingresan más jóvenes a la Universidad por la oferta cada vez mayor de oportunidades (presencial, semipresencial, a distancia), lo que obliga a ampliar y diversificar sus fuentes de financiamiento y así poder hacer frente a la espiral de costos desencadenada por la masificación de la matrícula, las exigencias de calidad y pertinencia, la producción del conocimiento avanzado, la complejidad de las funciones de gestión, la incorporación de las tecnologías de información y, en general, la carrera competitiva por reputaciones y prestigio académico en el mundo global.

Sin embargo, otros tipos de demandas están creciendo. La más importante es la denominada formación continua, formación posgraduada o formación durante toda la vida. Se acabó ya hace años el concepto de que una vez obtenida la graduación en una Universidad solo había que dejar correr a la experiencia en el puesto de trabajo. Aprender con la experiencia sigue siendo obvio pero, además, en todas las profesiones basadas en el conocimiento la necesidad de la actualización es imperiosa. Hay un gran mercado de la formación continua en el que participan muchas  empresas de sectores no educativos o empresas educativas surgidas de empresas industriales o comerciales que realizan su actividad y su negocio en este gran mercado.

Las Universidades también han entrado en este mercado, en parte para obtener recursos

financieros adicionales, pero la mayor parte del mercado no está en las Universidades. La investigación y el desarrollo no son exclusivas de las Universidades. Tampoco lo es, ni debe serlo, la formación continua y ésta tiene una demanda creciente en la que las Universidades tienen que competir con otras instituciones muchas veces más adaptadas a procesos competitivos, con formas de organización adecuadas al tipo de demanda y con estructuras más ágiles y flexibles que las que poseen las Universidades que no acaban de integrar de forma eficaz este tipo de formación dentro de sus estructuras organizativas tradicionales sin establecer por ello nuevas estructuras.

Otro tipo de demanda, que puede ofertarse en el futuro próximo sobre todo si se hace una oferta atractiva, es la derivada del aumento de la población de jubilados que buscan una oferta de tipo cultural para llenar tiempo de ocio, satisfacer anhelos no satisfechos en su edad joven u otras causas. Evidentemente, los métodos y los contenidos de los estudios no pueden ser los mismos que los empleados para los bachilleres.

 

 
 

 

 

                                          

JOSÉ AGUIRRE RODAS: DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS DE POSTGRADO

                                                DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD DE MACHALA

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                                                 jarilich@hotmail.com

 

                                                                                   Machala - Ecuador