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La eficacia es hoy en día la preocupación principal de
aquellas organizaciones universitarias que apuestan a mantenerse vigente
en el escenario educativo, debiendo para ello asimilarse a los
avances teórico-científico y tecnológico, y de esta manera, responder y
adecuarse a la actual competencia por satisfacer la demanda educativa
potencial.
En muchos eventos particulares y de la propia
universidad, que buscan orientar a la ciudadanía sobre grandes temas que
requieren de políticas consensuadas y a largo plazo, se ha dicho
con mucho acierto, que de lo que hagan las universidades, dependerá, en
gran medida, nuestro futuro como país, ya que el logro de mejores
condiciones de vida requiere de buenos niveles educativos.
En esa perspectiva, que debemos dimensionar el vínculo
causal biunívoco que existe entre educación superior y desarrollo, pues
las universidades no solo forman profesionales sino que aportan al
desarrollo nacional con investigación científica y tecnológica, cultura,
soporte laboral al sistema empresarial público y privado,
generación de líneas de opinión sobre problemas que requieren de
políticas de Estado, etc. Ahí radica la dimensión que alcanza el nivel
educativo y por eso estamos convocados a elevarlo.
El nivel de postgrado se convierte así en una necesidad
impostergable, si en una posición autocrítica como docentes,
reconocemos que nuestros egresados no salen lo suficientemente formados
para enfrentar los problemas cotidianos de la profesión; y, que
particularmente, su práctica profesional es decadente frente los
avances científicos o paradigmas nuevos en la orientación de la
profesión.
Por otro lado, la no revisión permanente del
contenido del currículo universitario, más el nivel de conciencia que
manejan los estudiantes sobre las dificultades para asimilarse al
mercado ocupacional ya como profesionales, parecería ser un
factor que configure en ellos que la meta, hoy en día, sea el postgrado:
una especialización, un diplomado una maestría, que los situé en mejores
condiciones en la competencia ya sea para el empleo o para el trabajo.
Siendo así, el postgrado es una demanda potencial y real para nuestra
universidad de Machala, y la Facultad de Ciencias Sociales, con
innovación y vanguardismo, debe responder a ella en sus áreas de
oferta académica.
Para que la oferta de postgrado sea realmente efectiva
deberán de cumplirse imperativamente varios criterios:
Aceptable para una demanda educativa potencial,
conociendo la composición y condiciones educativas de los usuarios
demandantes;
Sostenible, en términos de
modelos educativos probados en su efectividad, recursos humanos
docentes, documentación teórica- científica de última generación
paradigmática y epistemológica, apoyos o alianzas institucionales,
cobertura operativa en infraestructura de ambiente físicos y de equipos,
conexiones a redes de información, entre otros;
Productos competitivos, en la
medida que el egresado de postgrado sea evaluado en lo que realmente sea
capaz de hacer. Es decir el postgrado debe enfocarse en los
resultados reales del aprendizaje de cada evento, que refleje el
desarrollo de competencias esto es, conocimientos, actitudes,
habilidades y valores; y
Acreditación real, que se
exprese en un producto investigativo original, innovador, de
utilidad práctica o de comprensión teórica concreta, y de ser posible,
que responda a un proyecto de investigación interdisciplinaria.
En esa línea de trabajo, marcando hitos
institucionales, debemos involucrarnos y hacer del postgrado una
propuesta factible, pisando por el camino allanado, asociando métodos en
función de la dimensión de las acciones identificadas; y,
fundamentalmente, apropiándonos de la gran tarea de revalorizar nuestra
universidad.
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